viernes, 22 de abril de 2016

En tierra de nadie




Justicia denuncia mi voz, impotencia y  vergüenza de una Europa que mira hacia otro lado, es el drama de los refugiados que bajo la imagen de náufragos llama a nuestras puertas, porque están aquí y no es admisible ese cambio del uno por uno.

Miles de personas deambulan por una tierra que es de nadie, en la franja  maldita de Idomeni, mi voz se quiebra ante esa infamia, entre la desesperación se esparce el grito que arranca mi alma.

En esta Europa de promesas y de marketing publicitario ofende la falta de cooperación y de compromiso, de cobardía y de escapar de un problema al que se llegó tarde, demasiado tarde y para mal.Tenemos cooperantes internacionales que han sido capaces de llevar la ayuda a donde se necesitaba demostrando una vez más,  la ineficacia de una política que olvida el bien común que atañe a la prosperidad para todos.

En la frontera de Macedonia y Grecia, campo de Idomeni,  miles de personas pisan un delgada línea de explosión, un embudo miserable que viene a tapar el egoísmo en que nos hemos convertido, mientras tanto  los 28 demuestran su incapacidad para encontrar una solución  conjunta que no destierre los logros conseguidos. Se necesitan acuerdos que defiendan sobre todo la dignidad humana como bandera de derechos universalmente reconocidos.

 No es suficiente apostar con una ayuda sobre Turquía previo pago, se tienen que dar las condiciones necesarias para que en ese suelo establecido se cubran las suficientes garantías sobre los derechos humanos porque de lo contrario estamos abocados a ser m testigos y cómplices de esa injusticia.


Derechos reservados: María José Solano Jiménez

martes, 12 de abril de 2016

Luisa busca un sitio


Solo faltan unos minutos para que Luisa, tome la decisión.
Todos sus esfuerzos por aparentar una situación de normalidad se están  viniendo abajo, la 
cotidianidad la consume,  esto explica  que hoy presa de esta situación y en un intento por ordenar 
los papeles del escritorio se ha encontrado con la siguiente nota, volveré pronto.
La brisa de la mañana acaricia mi  rostro potenciando una sensación de frescura y bienestar que 
confunde mi mente con el deseo de volver por unas horas al menos a la casa de la playa, escuchar 
como la brisa del mar se cuela por mis talones  y sentir la libertad que se respira entre sus paredes 
depositando sobre mi cuerpo la paz que tanto necesita.
Aunque duela mucho reconocerlo llegar hasta aquí no ha sido tarea fácil, muchas horas sin dormir, 
muchos temores por  enfrentar y tal vez más de una negación que mina incluso tu propia sangre.
Hasta que un día te niegas a esa confrontación, a ese desafío que te priva de hacer lo que quieres, de 
poner otro amanecer que destila  amor por la  vida, destino de luz con sabor a amapolas que acaricie 
otro mundo, al final de una dura semana de trabajo.
 Y en  esfuerzo por recrearte y recrear te avienes a lo concreto, dando pie a un espacio vital, lejos de 
necesidades absurdas y fuertes convencionalismos. Un mundo donde el mar no se cobra una vida 
sino estalla al unísono con el verso.
Y en ese todo, en que las paredes  parecen hablar, te das cuenta que la vida no se termina por que 
tengas cincuenta. Y conversas con las pequeñas cosas, leer un libro, escuchar música, pasear por la 
orilla de la playa dejando recursos a la imaginación.
En esas horas en la que el buen tiempo y la reflexión hacen acto de presencia te sientes  feliz lejos de 
ese mundo de sobrecarga e  inseguridad que conforman tu  vida,  vuelves a darle la mano a la chica 
que eres, una loca dispuesta a cambiar el mundo.
Antes de partir  saboreo de estos minutos  de paz que me regala la fortuna, no puedo seguir 
 fingiendo,  la palabra se apodera de mi silencio.
De hoy no pasa, te dejo.




 Todos los derechos reservados a María José Solano Jiménez.