Luisa, se tomó esa última pastilla antes de irse a dormir. Le había dado tiempo de quitar todos los cacharros
que se amontonaban en la cocina y en un arranque inesperado sus pasos la dirigieron hacia un rincón de la
terraza. Necesitaba respirar...Sentir como un golpe de aire fresco se colaba de entre los rincones. Tal vez le
hubiera gustado gritar, llorar con todas las fuerzas de su corazón pero sin embargo, una insistente pregunta
llevaba días rondando por su cabeza.
¿Hasta cuando...? de que manera podía continuar, recobrar la fuerza necesaria en forma de palabra oportuna o
gesto preciso, que le devolviera a su Paco, un resquicio de esperanza.
Lo cierto es que la misma realidad se repetía día tras día, salir de casa con la cabeza perdida y el semblante
envuelto en un halo de impotencia.
la misma lucha de siempre de siempre se había convertido en una batalla difícil de conseguir, encontrar un
trabajo.
Sin que nadie pudiera evitarlo, estaba llegando a un punto de inflexión difícil de combatir, la desidia y la falta
de motivación y lo que era más importante la baja autoestima.
Luisa, volvió a acurrucarse en la cama no sin antes ver de nuevo esa luna que se mostraba orgullosa y equidistante. Y la saludó con un abrazo eterno y lleno de asombro pidiéndole tan solo un deseo, vivir.
Buenas noches queridos compañeros on-line.
ResponderEliminarVuestro aliento me hace pensar que es posible caminar con la ilusión de comunicación y entendimiento que lleva dentro el escritor.
Un abrazo de esta "Cañailla" que se crió entre poesías y caricias que vuelan entre palabras, coplas y trocitos de esperanza.