Después de muchos años, cuando yo sea un montoncito de polvo callado, jugar conmigo con la tierra de
mi corazón y de mis huesos. Si me recoge un albañil, me pondré en un ladrillo y quedaré clavada para
siempre en un muro y yo odio los nichos quieto.
Si me hacen ladrillo de cárcel, enrojeceré de vergüenza oyendo sollozar a un hombre; y si soy ladrillo de
una escuela, padeceré también de no poder cantar con vosotros en los amaneceres. Mejor quiero ser el
polvo con que jugáis en los campos. Oprimidme: he sido vuestra; porque os hice; pisadme, porque no os
di toda la verdad y toda la belleza, O, simplemente cantad y correr sobre mi, para besaros las plantas
amadas.
Decid, cuando me tengáis en las manos, un verso hermoso y crepitaré de placer entre vuestros dedos. Me
empinaré para miraros, buscando entre vosotros los ojos, los cabellos de los que enseñe.
Y cuando hagáis conmigo cualquier imagen, rompedla a cada instante.
¡que a cada instante me rompieron los niños de ternura y de dolor.
Homenaje a mi querida escritora Gabriela Mistral
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