domingo, 2 de marzo de 2014

La Argentinita


Encarnación López Julvez nació en Buenos Aires, en 1895. Hija de inmigrantes españoles, en 1901 marcharía para España. Conocería el éxito con su verdadera dimensión artística al coincidir en sus inquietudes con la Generación del 27, con piezas adaptadas de la tradición popular triunfando en escenarios de París y Berlín.
Al llegar la Segunda República, formó su compañía de ballet y preparó sus primeras coreografías: 
"Las calles de Cádiz" "Sevillanas del siglo XIII" "El Café de Chinitas" con textos de Federico García Lorca y escenografía de Dalí.






En 1927 se produce en el Ateneo de Sevilla la reunión de los jóvenes poetas conocidos como la “Generación del 27″. La amistad con Lorca, se estrechó en Nueva York .Se llamaban “comadre y “compadre”. Sentían gran admiración mutua y eso les llevó a realizar en 1931 la grabación de un disco de canciones populares, Lorca, tocaba el piano y ella le ponía la voz y el zapateado. La relación de Encarnación con los intelectuales se hizo extensible a otros miembros de dicha generación como, Rafael Alberti. Al estallar la Guerra Civil, huyó de España y se marchó a Nueva York, donde tubo lugar su muerte en 1945.

       
En este ballet Encarnación presentaría una revolucionaria coreografía, acompañada al baile por su hermana Pilar y artistas gitanos, la crítica del momento no dudó en catalogarlo como un espectáculo absolutamente nuevo e innovador. En el año 1933 también actuaria en Paris, donde su actuación quedó registrada por las cámaras de un noticiero y que han llegado hasta nuestros días como un documento único y de gran valor. 

Manuel Machado dijo de ella:

“Era como una pluma en el aire…fue preciso que la vida lastrara su corazón con el peso del gran amor y su cuerpo delicioso conociera el valor estatuario de la línea y el secreto del abandono femenino y del hondo dolor humano para que la hiciera reposar sobre el suelo y la convirtiera en la interprete de los cantaores hondos y las danzas flamencas y le diera una voz cordial, aterciopelada y penetrante, sin estridencia y una maravillosa expresión dramática en el baile y en la copla”.
El poeta Jerónimo Gómez dijo de ella:


“La Argentinita sabe imprimir a nuestros bailes un aspecto digno y artístico y unir a los primores de la ejecución las sales compatibles del decoro. Su arte castizo: su braceo y su colocación conservan en todo momento la pureza de la línea que no se descompone jamás con retorcimientos monstruosos o extravagantes: es arte, en fin, de solera española que se plasma en ritmo y melodía

Con su peculiar estilo renovó el baile español. Sus dos amores importantes fueron Joselito, Sanchez Mejías, murieron en el ruedo. Una innovadora que con su saber hacer, representa parte de la Modernización de la Danza del siglo XX. Entre sus premios destacan la Medalla de Alfonso X el Sabio a título póstumo.
Orden de Isabel la Católica a título póstumo.
Café malagueño del siglo XIX.




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