Le preguntaron un día
a una mujer que lloraba
que por qué tan triste estaba,
cómo perdió la alegría.
Con una voz que salía
desde el corazón adentro,
dijo: Señor, no la encuentro
que es muy grande la amargura
de ir por el mundo a oscura,
con una pena por dentro.
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Despierta al alba, con la luz primera
nace el dolor y nace la alegría,
y las sombras se marchan cada día
a la otra mitad de nuestra esfera.
Ocurre siempre, pero en primavera
esta explosión de luz que Dios envía
es mucho más hermosa todavía,
como si Dios, entonces, se creciera.
Y el mundo que se abre a estos clamores
que devuelve el valor de la semilla
se hace canto apretado de colores.
Y en lo alto del cielo un sol que brilla,
cómplice del color y de las flores,
hace posible así, la maravilla.
Y el mar es más azul.Y el oleaje
se olvida del fragor y la bravura
y deja acariciante su blancura
pintando como espuma el paisaje.
Y entre las verdes frondas del follaje.
una mitad del jardín, la otra espesura
dejan los pájaros la múltiple hermosura
del múltiplo color de su plumaje.
Esta y mil cosas más. Cada detalle
es un brote de luz y de pureza,
en el mar, en el monte y en el valle.
La vida total, muestra su belleza
que la fuerza del sol hace que estalle
en mil colores, la naturaleza.
Y tu y yo...Y todos, nos gozamos
de lo que Dios nos pone en el camino
sin siquiera apreciar el don divino
de que podamos ver lo que miramos.
Nuestra vida es así. Solo pasamos
en tránsito fugaz sobre un destino.
Cada persona cumple así su sino
pero ninguno, de verdad pensamos.
Y debemos pensar profundamente,
de una explosión de luz en primavera
que la vemos nosotros solamente.
Hay un mundo distinto en la otra acera.
esa vida real del invidente
al que mantiene aparte, la ceguera.
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Por eso la comprendí
y por calmar su amargura
puse toda mi ternura
en la mano que le dí.
Sentí vergüenza de mi
que entonces llegue a saber
la pena que es no tener
al llegar la primavera
ni un rayo de luz siquiera,
ni esa alegría de ver.
Homenaje a mi querido tío, Inocencio Jiménez Ponce, de su libro de poemas.
Una miaja solamente.
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