La
conocí en un mes de septiembre, cundo estaba dando clases en un voluntariado de apoyo
escolar, te puedo decir que su piel es de color negro y en sus ojos de color
azabache se alimentan rayos de luz que brillan por encima del horizonte. Eva, ya
desde el nacimiento no tuvo la misma posibilidad que otros niños que nacen en un hogar con todas
las necesidades. Tuvo que emigrar, vivir
bajo el prisma de un padre ausente y
negar durante mucho tiempo su edad para no ser fuente de descriminación en el colegio.
Su madre le ha enseñado el arte de la prudencia, el no al desacato y la virtud
como relación.
Aunque
en el informe del colegio no figuran otras
habilidades adquiridas, sabe como nadie leer con la mirada, escribir con los
sentidos y comprender las emociones con
un simple timbre de voz. No hay nadie que bareme el gran esfuerzo que conduce aprender otra
lengua, vivir en otra cultura y
superar demostrando que no te falta valor. He conocido muchos grupos, aprendido otra formas
de enseñar a los niños pero nunca, nunca nadie me ha demostrado como se supera
el rechazo, como se lleva la antorcha del optimismo cuando no existe igualdad
de condiciones, como manejar sobre tu causa el deseo de superación.
Derechos reservados a María José Solano Jiménez. Dedicado a todos mis niños de apoyo, que por alguna razón han contribuido a hacerme mejor persona.
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