Lo nuestro fue un amor envuelto en juego de chiquillos, de miradas anhelantes que se pierden entre
fuentes y jardines de la plaza de un pueblo. De puestas de sol que anidan besos impacientes, que
le hablan al destino. Luchando contra el olvido un día sin quererlo nos sorprendió la libertad y
compartimos esa aventura sobre los bazos de otro amor.
A tu boda yo asistí y en la mía yo te vi . Con el pasar de los años nos hemos sentido tan cerca al
mismo tiempo que tan lejos... Que ahora que llega el final me atrevo a decir que nos queda una
cuestión pendiente.
Qué pena dejar pendiente cosas así!!
ResponderEliminarPues si, tendríamos que tener esa oportunidad. Abrazos.
ResponderEliminarMuy bonito aunque triste a la vez. Una pena acabar así y no poder compartir con tu pareja deseado todo lo que te gustaría. Un saludo.
ResponderEliminarGracias César, a veces nos falta valentía. Yo pienso que hay que te enfrentarlo más vale un no pudo ser que no lo intenté.
ResponderEliminarposiblemente el no ser, la mantuvo viva siempre.
ResponderEliminarEstupenda reflexión Marcela.
ResponderEliminar¿Fue por eso que decía Bécquer: "yo digo aún: ¿por qué callé aquel día? /
ResponderEliminarY ella dirá: ¿por qué no lloré yo?"
Pasan estas cosas, sí.
Saludos
A veces la amistad de juventud se convierte en asignaturas pendientes. Siempre hay tiempo de resolver. Un abrazo
ResponderEliminarQue bonito Maria del Carmen, confiemos en esa posibilidad.
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