Hoy me he sentado frente a la pantalla del ordenador
y mi mente ha insistido con la misma pregunta . ¿Por qué? , ¿Por qué este virus
maldito ha cambiado nuestra vida?
Confinados entre las paredes de nuestro hogar el miedo y la impotencia producida por el Covid-19 nos reduce entre sus tentáculos, al mismo tiempo que perseguimos una información cada vez más cierta alejada de bulos que fomentan el miedo de la gente, esperando que podamos llegar pronto al deseado pico de la curva de contagios y empiece la fase de ralentización.
No quiero
resaltar la multiplicidad de diagnósticos
inciertos, esta crisis sanitaria y
social ha venido para recordarnos que somos vulnerables y que nuestra fuerza
se sustenta en la unión.
Quiero que este tiempo maldito me recuerde la capacidad de empatía que tienen los seres humanos reflejada en cada mirada, cada gesto de amor, cada minuto recogido en el balcón donde todos fuimos uno. La gratitud recogida en un aplauso extenso hacia esos ciudadanos que han dado la vida por nosotros, sistema sanitario, cuerpos especiales y ciudadanos anónimos que reflejan la grandeza de este pueblo.
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