domingo, 13 de diciembre de 2020

De vuelta al paraiso


 Quiero recordar tu cara y llevar tu sonrisa sobre mi piel en este sendero que

envuelve a mi corazón, saber que tu presencia me acompaña con fuerza frente

a la adversidad mujer valiente, amiga del alma, tu trayectoria enriquece mis

 horas de insomnio y pesar  invitándome a pasear por la misma calle, con la

carpeta repleta de libros y la velocidad anexionada a mis zapatos para poder llegar

con tiempo a la facultad. Juventud divina respiro tu aire y descubro entre las

páginas del diario sueños dormidos en aquella etapa vital de los setenta, donde ser

mujer llevaba implícito vencer esteriotipos, conciliar vida laboral con familia

superar el sentido de culpabilidad por conseguirlo. Y vuelvo a subir cada

peldaño de una escalera que transita hacia tu casa donde una salita de estar nos

espera para compartir confidencias, alrededor de una taza de café y terminar   

con el trabajo de clase.

el reloj marca al compás de un tiempo apresurado que se desliza entre nuestras

exigencias  y el deseo de compartir este momento de vida. En el tocadisco suenan

canciones de Serrat y a través de la ventana la semblanza de un Cádiz emergente

que le muestra su capacidad industrial al mundo. El perro se ha dormido ya

 ¡hay que ver lo que sabe el truhán!, no me hecha valor cuando está tu madre ante la

puerta y me invita a pasar con una sonrisa.

¡Como añoro todo, querida amiga! Nuestras reuniones familiares, condicionadas

por un tiempo  que contababilizaba hasta el último minuto no fuera a ser que se

hiciera tarde ya que al día siguiente tenías que entrar a trabajar.

 

No puedo olvidar tus palabras, contigo aprendí el derecho que tienen las personas

de ser ellas mismas, el valor de los silencios cuando la palabra muere por el dolor

ante  la pérdida, el sentido del humor empleado cuando se trata de empoderarse

y superar los retos que plantea la vida.

Esta mañana cuando sonó de nuevo el teléfono el sentimiento se apoderó de mí

cuerpo y ante la necesidad de mitigar la tristeza me acompañé de estas imágenes

después cuando los primeros rayos del sol empezaron a difuminarse me dirigí

a la habitación y desde allí miré al cielo para pedirle por tu familia y que a mi

me dejara para siempre este sueño el de volver a verte por aquella calle.

 

 

Todos los derechos reservados.

Maria José Solano Jiménez

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