Quiero recordar tu cara y llevar tu sonrisa sobre mi piel en este sendero que
envuelve a mi corazón, saber que tu presencia me acompaña con fuerza frente
a la adversidad mujer valiente, amiga del alma, tu trayectoria enriquece mis
horas de insomnio y pesar invitándome a pasear por la misma calle, con la
carpeta
repleta de libros y la velocidad anexionada a mis
zapatos para poder llegar
con tiempo
a la facultad. Juventud divina respiro tu aire y descubro entre las
páginas del
diario sueños dormidos en aquella etapa vital de los setenta, donde ser
mujer llevaba
implícito vencer esteriotipos, conciliar vida laboral con familia
y superar el sentido de culpabilidad por
conseguirlo. Y vuelvo a subir cada
peldaño de
una escalera que transita hacia tu casa donde una salita de estar nos
espera para
compartir confidencias, alrededor de una taza de café y terminar
con el
trabajo de clase.
el reloj
marca al compás de un tiempo apresurado que se desliza entre nuestras
exigencias y el deseo de compartir este momento de vida. En
el tocadisco suenan
canciones
de Serrat y a través de la ventana la semblanza de un Cádiz emergente
que le
muestra su capacidad industrial al mundo. El perro se ha dormido ya
¡hay que ver lo que sabe el truhán!, no me
hecha valor cuando está tu madre ante la
puerta y
me invita a pasar con una sonrisa.
¡Como
añoro todo, querida amiga! Nuestras reuniones familiares, condicionadas
por un
tiempo que contababilizaba hasta el
último minuto no fuera a ser que se
hiciera
tarde ya que al día siguiente tenías que entrar a trabajar.
No puedo
olvidar tus palabras, contigo aprendí el derecho que tienen las personas
de ser
ellas mismas, el valor de los silencios cuando la palabra muere por el
dolor
ante la pérdida, el sentido del humor empleado
cuando se trata de empoderarse
y superar
los retos que plantea la vida.
Esta
mañana cuando sonó de nuevo el teléfono el sentimiento se apoderó de mí
cuerpo y
ante la necesidad de mitigar la tristeza me acompañé de estas imágenes
después cuando
los primeros rayos del sol empezaron a difuminarse me dirigí
a la
habitación y desde allí miré al cielo para pedirle por tu familia y que a mi
me dejara
para siempre este sueño el de volver a verte por aquella calle.
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