Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo que el final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio
destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas
porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales coseché siempre rosas.
Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
!Más tu no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan solo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas..
Amé, fuí amado, el sol acarició mi faz.
!Vida, nada me debes! !Vida, estamos en paz!
Amado Nervo
Homenaje a los niños de la guerra: generación del 50
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