Ángela, estaba sentada en la mesa de la cafetería saboreando de esa última taza de café antes de regresar de nuevo a la oficina. Ese era su reducto, el lugar donde depositaba unos minutos de relax para hablar con ese otro yo que alimentaba lleno de firmes convicciones y control sutil....
De repente miró el
reloj, eran las cinco y media de la tarde y tenía que volver de nuevo al trabajo. Recogió con sumo cuidado los apuntes que se encontraban esparcidos
por la mesa y se fue a continuar con la tarea.
Nada más llegar se encontró con una nota sobre la mesa que
decía, te espero en el despacho.
Solo escuchar el sonido de su voz la desarmaba y eso la hacía sentir demasiado nerviosa.
Aunque se empecinaba en poner su profesionalidad por delante lo cierto es que cada vez el esfuerzo, llevaba implícito una dura tarea. Se sentía observada, vivía bajo la sospecha de ese temor desconocido,
de esa angustia almibarada, bajo la impertinente llamarada de una pasión que se negaba a morir...
Muy en el fondo
de su corazón buscaba la medicina para ese malestar que había empezado a derrumbar los férreos principios por los que había transcurrido su vida, lo cierto es que ese hombre había conseguido que todo ese mundo de naipes
firmemente construido a sus pies, se deslizara bajo otro escenario, dejándola a solas, bajo la batuta inmisericorde de un cambio de dirección...
El malestar se dejaba notar con una voz latente, alejándola de unos firmes planteamientos feministas y de ese deseo de saltar sobre lo incierto, le costaba admitir que había entrado en otro espacio imprevisible y por el que no estaba acostumbrada a transitar, de todas formas ya no lo podía ocultar por más tiempo.
Lo quería, no lo podía evitar.
De nuevo volvió a sonar ese móvil en su escritorio. Ángela he pensado...
- Planificar la reunión
con los representantes de la empresa publicitaria, realizar el diseño
estratégico de actividades y ponerte de acuerdo con nuestros colaboradores.
No le dio tiempo a respirar, tal vez el aire se había
esfumado por la ventana. Solo una frase salió de sus labios. Procuraré que todo
esté listo, no te preocupes...
No me falles, te necesito, en ese momento su cabeza no
dio más de sí y el disco duro de sus pensamientos se volvió insistente hacia la
misma pregunta. ¿Como me puede estar pasando esto, a mí...?
Todo en mi vida lo había sido programando, cada cosa en su lugar y un espacio fundamental para el desarrollo profesional y mis expectativas.
Nunca entró en mis planes eso de casarme, formar una familia y menos aún el tener
descendencia, así que mi vida emocional quedó para el final. Al final de... mis estudios , al final... de mi
trabajo, al final.
No me apetecía para nada que se recortara mi libertad y sobre todo, me encantaba no tener que dar ningún tipo de
explicaciones.
Quizás por esa razón me empeciné en ser la mejor, en no
perder el tiempo y moverme con decisión por todos los medios que tenía a mi
alcance. No entraba en mi cabeza esa terminología llamada fracaso y menos aún, el compromiso de conseguir a toda costa, mi independencia económica.
Por estas y otras muchas consideraciones, este trabajo
había supuesto un éxito tras una larga lucha se me reconocía por fin mis
méritos. Al final para convertirme sin quererlo, en una especie de secretaria de dirección, que está “secretamente enamorada”, de su jefe.
-Otra vez suena el teléfono... Ángela, te espero en el
despacho deja todo lo que estás haciendo.
-Mañana estás invitada a una
celebración, hay que avisar a todos los trabajadores de la empresa. Hay que
procurar que no falte nadie.
Al día siguiente la jornada se desarrolló con toda normalidad, parecía
que todo había resultado ser un éxito. Nunca se había sentido, más guapa,
quizás ese triunfo le permitiría encontrarse de nuevo con ella misma.
- De pronto sintió unos pasos acercándose por su espalda, era la voz
de Ernesto, que le susurraba unas palabras al oído, esta noche estás más guapa que nunca...Inmediatamente un rubor se apoderó de su cara y levemente su cuerpo pudo
mantenerse de pié. Rebosante de júbilo no daba crédito de lo que allí estaba
sucediendo, él sin el menor gesto de indecisión la cogió de la mano y se la
llevó al centro de la pista.
-Allá en el fondo de la pista se podía escuchar el sonido de un bolero, ella suavemente fue levantando sus brazos hasta dejar sus manos
alrededor de su cuello, el dejó caer su brazo con dulzura sobre su
cintura, y asirla dulcemente...
Ángela, acercó sus mejillas sobre su pecho y unas palabras
sonaron al ritmo de la melodía.
Esta vez no lanzó una mirada al aire, simplemente se dejó llevar...
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María José Solano Jiménez.
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