domingo, 13 de julio de 2014

MARIA



Anoche antes de acostarme puse el despertador, nadie diría que ese aparato tan desagradable por exigencias del guión se convertiría en mi gran aliado...
Esta mañana me he levantado con un entusiasmo inaudito, una firme convicción se ha apoderado de mi sonrisa y también ha volado sobre mi pensamiento poniéndolo en acción. Una firme convicción ha sacudido lo más profundo de mi superficie y sin pensarlo he cogido mi agenda y en la puerta del frigorífico he puesto unas palabras. Me voy...
He sentido como una oleada de aire fresco se deslizaba por mi cara hasta sentir como el volante de mi coche me incitaba de nuevo a transitar, por uno de esos pueblos blancos de nuestra geografía gaditana.
Caminar por esas calles llenas de luz, respirar ese aire con sabor a marisma y contemplar desde un banco de cualquier plazoleta, sencillamente, como transcurre la vida...
Sin pausa ni demora para mirar de nuevo el reloj, ni tensión cotidiana acumulada en ese trajín que ahora llamamos vida. 
Con ese remanso de paz, me he aproximado a sus gentes, sus historias y todo lo que circula alrededor de sus vidas. Su empeño me ha hecho transitar por esas calles tan estrechas y alargadas, hasta que de repente
mis pasos se han detenido para contemplar una antigua casa del pueblo.
Su construcción refleja el inexorable paso del tiempo y en medio de ese espacio desabitado, mi mirada se percata de la aproximación de una anciana del lugar que responde al nombre de María.
Su semblante amable y cordial me hace sentir, que no va a hacer difícil la conversación. Ya que por su fisonomía y trato, da muestras de poseer un magnetismo enriquecedor...
Es interesante comprobar como durante unos minutos esa persona me abrió su corazón y me hizo un breve repaso de su vida, dejando el manifiesto de todas cuantas personas fueron importantes en la misma.
De esta forma me acerqué a su primera maestra de pueblo, aquella que le enseñó con tanta entrega y abnegación las primeras letras, sabiendo compensar con esfuerzo y dedicación, la precariedad de recursos que sobre su educación existían. Me hizo depositaria del saber de como la envestida cruel de una guerra mermó las esperanzas de esa niña, acumulando en el desván de esa habitación los sueños más dulces que le deparaba la vida.
Desde ese mismo momento solo supo de trabajo y de esfuerzo, bajo esas coordenadas se fue desarrollando sus días. Por una de esas coordenada que suceden en la vida, hoy su nieto, al salir del colegio le ha traído un presente, un libro que habla de poesía, su corazón recibió un vuelco y situó este presente en una de sus mayores alegrías. Recordar esas pinceladas de esa mujer que fue y la que vive todavía...
Nos despedimos con un fuerte abrazo y ya al atardecer no pude contener mi emoción. 
Si esta mujer hubiera contado con otros medios, quizás sus posibilidades hubieran sido distintas..
Hoy estaría aquí, conmigo, luchando a mi lado por la cultura.


Todos los derechos reservados. 
Dedicado a todas las personas que no pudieron estudiar.







No hay comentarios:

Publicar un comentario