Alegría, bullicio cómplice de una fiesta de verano
que se propaga entre las gentes,
alimento que se nutre sobre el escenario con la
compañía de una copla y el deseo de
juventud.
Las calles se engalanan a ritmos sabrosos sacando a
flor de piel pasiones, encuentros
de amistad regados con sones mágicos que nos
recuerdan que estamos vivos y somos
artífices de nuestro propio desafío.
La apuesta cultural se afana en regalarnos un
abanico de posibilidades que nos
resultan interesantes, quizás demasiado para disfrutar
de una sola noche y más si se
trata de encandilar de a todos. La música se esparce
por cada plaza y rincón
dejándonos un sello impreso donde poder abrazar el alma en cada trozo de nuestro
corazón, si somos
por unos instantes más felices, incluso se desborda por nuestras
venas ríos de
optimismo y pasión.
Hablamos de besos que se deslizan entre miradas, de
boca desbordante sobre la mía,
de cuerpos que no desean salir de esa prisión.
De cuerpos que se aceleran tras el motor de un deseo
que es ajeno al freno del
compromiso y que se deja llevar bajo unos ojos que sin
palabras te piden conexión.
Hablamos de caricias en la sombra, de silencio roto,
de una simbiosis que prefiere tu
cuerpo, nuestros cuerpos lidiando en un manto
de lujuria y libre elección.
Y la magia da paso sedienta sobre nuestro destino
dejando que una coqueta luna nos
devuelva a nuestros orígenes, a lo que somos y
siempre hemos sido, seres carnales,
amantes de la naturaleza, de nuestros
propios instintos y sentido, enriquecidos bajo la
batuta de una sombra llena de
nostalgia que esparce con gozo cada centímetro de
nuestros cuerpos, en ese poderoso universo donde cabe solo tu
sonrisa y juega con
furia el deseo de conexión.
Todos los derechos reservados para María José Solano
Jiménez.
una maravilla como ecribes un abrazo desde este lado de la vida
ResponderEliminarGracias un abrazo
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