domingo, 26 de enero de 2014

El ingenio hecho canción




Amalia Molina

Nacida un 28 de enero del año 1890 en pleno barrio de la Macarena, tubo que enfrentarse a la vida siendo aún una niña debutando en el teatro variedades de Madrid, meca del género ínfimo. Su menuda figura hacía temblar con el ingenio y una particular espontánea en estilo y dicción, que la consagraría al menos durante dos lustro. En su aval tiene el de ser una de las artistas que viajó antes a América (1908-1910)
de las pioneras en grabar sus composiciones (1912) y la que diseñó un cambio de escenario para cada actuación. En una época donde formaba parte del guión la competitividad entre compañeras, la rivalidad en el lujo y los decorados y el desafío de los emolumentos conseguidos, nuestra genial artista derribó su camino por la excelsitud de la escenografía practicando la diversidad en su repertorio. Aunque su especialidad fuera el baile andaluz, llegó a tocar otros aires regionales, cantar cuplé, Tonadilla, saeta y otros circuitos hispanos del folklore.









En una época donde se hizo popular la recreación de éxitos populares de grandes artistas del momento, nos llama la atención la creación de su sello propio, con la clausula añadida mediante contrato firmado con los autores, de prohibir la interpretación de sus canciones, en la misma población donde ella ella misma la estuviese interpretando.
El período de esplendor dentro de su carrera, lo conforman los años que van del 1905-1920, ídolo de Broadway durante ocho temporadas, la mejor castañuela tras Antonia Mercé, según el testamento de aquellos que tuvieron el disfrute de escucharla, excelente bailarina, estimable cantante y arquetipo de Sevillanismo pintoresco y garboso.
Pese a todo, las derivaciones que acompañaron a estas artistas después de la posguerra las situaría en el olvido.









Los hermanos Álvarez Quintero se fijarón en su figura para
 crear su "Mariquilla Terremoto"


Ni pintarla, ni esculpirla, ni en versos
enaltecerla, a esta mujer hay que oírla
y hay que verla.
A que llamarle clavel, ni nardo,
ni Malvaloca.
A que decir que tu boca tiene sal
y tiene miel.
A que transformarla en perla
ni en brillante convertirla
Es inútil, hay que verla y hay
que oírla...







Estrenó en París, el intermedio de "Goyescas" de Granado y Periquet, fue primera figura en Cuba, Méjico, Buenos Aires y Nueva York pero, a partir de 1925, fue declinando su estrella por el triunfo del Tango argentino, la revista musical, el cine sonoro. La creciente popularidad del fútbol, la radio,
 el jazz-band y las urgencias político-sociales.
Amelia, se rebeló contra el tiempo proyectando su trabajo hasta los últimos momentos de su vida. A la hora de su muerte para los periodistas que medio siglo anterior, habían reclamado su presencia, pasó desapercibida. Un ciclo se había cerrado en esa España de la Edad de Plata.














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