lunes, 6 de enero de 2014

Una manera de sentir 2ª Parte.

                                                                                                                                                                          
Raquel Meller

 En el año 1914 continua su escalada de progresión artística por mejorar actuaciones en los teatros y music-halls de toda nuestra geografía española. Para su debut en El Dorado de Barcelona, Raquel  interpreta una especial versión del relicario teniendo especial cuidado con su puesta en escena. Utilizando un foco sobre su rostro y un maquillaje limitado a su tez natural, nos introduce directamente sobre la trama en una historia emocionalmente sentida y trasmitida con todo el dramatismo que solo una canta-actriz, como diría la inolvidable Olga Ramos, puede trasmitir. El público explosionó en aplausos y desde ese momento se la consideró una gran Chantouse,  aqui  logrando inmortalidad en la música popular.



No es de extrañar que una mujer con ese arte y fisonomía tuviera más de un pretendiente, había comentarios de prensa de todos los colores y maneras que se afanaban en divulgar sus desplantes y por que no decirlo, su mal carácter. Entre ellos, el de el notable pintor Sorolla, intentó inútilmente tratar de conquistarla. Muy lejos de la realidad, ya que nuestra genial artista de quien realmente estaba enamorada en secreto era de su hijo, un chaval que en un principio no le prestó pero posteriormente mantendrían una estrecha relación. Otro de sus éxitos destacados fue " la Violetera " que junto con el Relicario serían temas indispensables de su repertorio. En 1919 Raquel, era la dueña indiscutible del cuplé en España y su presencia era reclamada en muchos países. Debutó en París, en el teatro Olympia, consiguiendo que su consagración fuera extendida por toda Europa. A su regreso a España, la esperaba su debut como actriz en la película "Arlequines de seda y oro" en ese año se casaría con el periodista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, el choque de personalidades no se haría esperar y la adopción de su hija Elena, solo hizo acrecentar las dificultades ya que no eran padres abnegados. En febrero de 1922 se presenta la demanda de divorcio y lo que en un principio parecía ser un impedimento en su carrera  se demostró todo lo contrario su ascenso ya era imparable.



Su éxito en la cinematografía francesa con la película de los Oprimidos (1923) y "Violetas Imperiales" supuso su consagración mundial como gran estrella de cine. Una constante de su trabajo lo que la hizo personal y única fue su particular enfoque de poner la historia sobre el escenario, lo que en otras pasaría desapercibido en Raquel, se descubría unipersonal. Era una mujer imprevisible, altanera y sensible. que no dudaba un minuto en decir lo que pensaba, al mismo tiempo cercana y generosa con los que se encontraba por su alrededor. Una tigresa en cuya alma convivían ángel y demonio.
"Yo no fui feliz en mi niñez no tuve el cariño de nadie" 
       
Al final de su vida realizó algunas actuaciones con la compañía de los Vieneses. En 1958 en el teatro Madrid, durante tres años hasta que se fue apagando su luz como artista. El 26 de julio de 1962 en Barcelona, con la presencia de su hijo Enrique, se cerraron los sueños de nuestra genial artista. Más de un millón de personas asistirían a su entierro, incluso los que en su momento la habían olvidado de su repertorio.










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