sábado, 19 de abril de 2014

A TODOS LOS HOMBRES


   El hombre está metido.

   en el frío camino del progreso.

   La técnica se impone. Y le dice:

  Todo puedes hacerlo.


  Y lo puedes hacer.

  que Dios te ha dotado para eso.

  Te ha hecho libre. Te ha dado inteligencia,

  falta solo tu esfuerzo.

 Tú debías escoger

desafiarlo todo con tu ingenio

y apenas conseguiste unos triunfos

te volviste soberbio.

Y quisiste ir a más

y casi lo fuiste consiguiendo

pero dejando atrás lo más sencillo,

te quedaste sin techo.

Saliste de tu espacio

olvidando tu casa y lo de dentro

para hallar otros mundos, para nada.

Lo tuyo por lo incierto.

Pero nunca pensaste

y basándote siempre en "esto quiero"

no pensaste jamás, nunca lo hiciste,

si existiera algún freno.

Y de ahí tu carrera

hacia la escasa gloria del invento

donde es justo decir que, algunas veces,

lograste algo bueno.


Paréntesis de paz

que siempre rompes con tu afán guerrero.

Tu sed de predominio te endurece

con su horrible veneno.

Millones y millones se van

en una carrera de armamentos

para sembrar, por un poco de tierra,

todo el mundo de muertos.

Aquellos que han caído,

por la eficacia técnica del fuego,

que brotó de la mente de los hombres

como un trágico juego.

Y aquellos que morían

y que ahora, seguro, están muriendo

por esa otra despiadada guerra:

La guerra del hambriento.

Millones y millones que se han ido

para hacer de tu mundo un gran infierno

mientras mueren de hambre, cada día,

muchos niños famélicos.

Muchos niños que mueren

mientras siguen las armas su concierto

y uno se pregunta, sorprendido,

pero...¿Que están haciendo?

Más no importa. Ya tienen,

para cubrir las bajas de los muertos

un trozo de cristal, una probeta,

que te da un niño nuevo.

¿A donde llegarán?

Han traspasado los más altos cielos

y al Creador de todo lo que existe,

lanzan un nuevo reto.

La muerte por un lado.

La criminal alquimia de un engendro

quitando a los hombres de su vida

una madre y un seno.

Si esto es progresar

detengan, ya, la marcha del progreso.

No estoy loco. Y Dios es mi testigo.

Es que no lo comprendo.




Tengo que seguir con tu poesía, recoge la visión de un humanista de todos los tiempos.
Inocencio Jiménez Ponce, poeta Universal.
Todos los derechos reservados.













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